El otro día, caminando por la calle (no, por la vereda) cual turista chino (porqué chino, ni idea, pero metele nomás) en París, un pibito interrumpe mi ensoñación ¿autoreflexiva? y me dice "SEÑORA, puede decirme la hora?"
"Sí, pero volveme a decir 'señora' y te tatúo la suela de mi calzado en el ojete. Las 5 y media."
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